La Basílica

La historia de esta casa comienza en el año 1582 cuando Hernando de Lerma, fundador de Salta, junto a Fray Francisco de Vittoria, Obispo de Salta, asigna a fray Bartolomé de la Cruz un solar destinado a la Iglesia y convento San Francisco. De esta manera, los frailes comenzaron la construcción de la primera iglesia, en barro y caña. Al poco tiempo, a causa de un movimiento sísmico, colapsó, siendo necesario iniciar la construcción de la segunda. A mediados del siglo XVII el emplazamiento ya estaba en pie, y aunque esta vez se había realizado en madera, la misma fue destruida luego de un incendio.

La actual es la tercera iglesia, construida a partir del 17 de septiembre de 1759, siendo guardián del convento el padre Fray Domingo de Aránzazu. La iglesia fue construida con enormes y sólidas paredes según los planos del arquitecto fray Vicente Muñoz, quien murió en 1784 sin haber concluido la obra de reconstrucción. La iglesia y el convento fueron levantados con paredes de piedra y ladrillo de aproximadamente un metro cincuenta de espesor y mezcla a la cal con techos realizados en bóveda de crucería. Las piedras empleadas fueron movilizadas por frailes y laicos desde el cerro San Bernardo a mula. El estilo arquitectónico que se destaca es neoclásico colonial y barroco.

En el año 1772 la Iglesia y parte del convento quedaron totalmente devastados por un gran incendio. Luego de esta catástrofe, su reconstrucción fue muy lenta dado que el único ingreso de los padres franciscanos es la caridad.

La Iglesia y el Convento empiezan a recobrar vida y esperanza con la llegada de los misioneros italianos provenientes de la escuela de Propaganda Fide, en el año 1857. Junto a ellos llega el Padre Fr. Luis Giorgi (1821-1884), eximio escultor y arquitecto italiano, quien permaneció en Salta 27 años. A él se deben el decorado y restauración del interior de la Basílica, su llamativo frente que en su friso se traduce dedicado “a Dios óptimo y máximo, a la bienaventurada Madre de Dios Virgen Inmaculada, a San Francisco y a San Diego”. Fue él quien llevó a cabo la dirección de y la realización de la obra. El trabajo estuvo a cargo de Agustín Cánepa y Compañía, contratado el 12 de octubre de 1868. Las imágenes de San Buenaventura, San Severo y La Purísima que se encuentran en la Basílica, también son atribuidas al Padre Luis Giorgi, y datan del año 1862.

La Basílica posee una sola nave en bóveda real, a la que se ingresa por una entrada de triple arco que embellece el atrio. Dos comunicaciones laterales dirigen a la calle Caseros y a los claustros del Convento donde en sus galerías podemos apreciar el Museo. Tiene una longitud 50 metros de largo, por unos 10 de ancho, aproximadamente.

Al final del crucero se encuentra la cúpula estilo colonial diseñada por Fray Vicente Muñoz. Tiene entre 9 y 10 metros de diámetro y se eleva a 24 metros de altura. La nave culmina con un amplio presbítero donde se destaca el altar mayor, con una arquitectura de orden Corinto, rico en mármoles de distintos colores.

El 8 de mayo de 1870 se estrenó el interior renovado de la iglesia como se encuentra actualmente y en ese mismo año se comenzó la obra de la fachada. La decoración del frontis, de estilo barroco tardío, realizado por Fray Luis Giorgi entre 1870 y 1873.

En el año 1915 se construyó el órgano a tubos de viento con materiales italianos, obra del célebre maestro Donato Sangaletti, actualmente considerado el más grande de Sudamérica. En el mismo año se colocaron los pisos de mármol en el templo y en la sacristía. El 14 de julio de 1941 la Iglesia fue declarada monumento histórico nacional. El 4 de agosto de 1997 fue declarada Basílica Menor por la Santa Sede. En el interior de la iglesia descansan los restos de Francisco de Gurruchaga (creador de la Armada Nacional), de Pachi Gorriti (coronel de las tropas gauchas) y la madre del general Martín Miguel de Güemes, María Magdalena Goyechea.